Después del fenómeno cinematográfico de “Relatos Salvajes”, el consagrado intérprete acaparó elogios y buenos números de taquilla con “Al final del túnel” y “Sangre en la boca”, encarando a un lisiado y un boxeador con profunda entrega física y actoral.

Por: GABRIEL IMPARATO

Uno imagina que cuando aparecés en el filme “Sangre en la boca” suena la música plena de trompetas de “Rocky”. ¿Cómo te llevás con el mundo del box en el cine?

Siempre hay muchas posibilidades lindas dentro de este ámbito, porque el boxeo en sí es muy carismático desde lo cinematográfico, casi todos los actores queremos hacer en algún momento a un boxeador, no sé por qué.

¿Qué te seducía más: el papel de Robert De Niro o la secuencia de Rocky?

Bueno, a mí me gustó mucho lo que hizo De Niro, lo que hace Daniel Lee Lewis en “The boxer”, ese tipo de trabajos me parecen muy lindos porque los actores estás muy centrados en esos personajes, igual “Rocky” de Sylvester Stallone es realmente buenísimo. Y es buenísimo porque es otro tipo de caracterización. Lo que me parece es que el mundo del box da para este tipo de proyectos, hay mucho para componer, es como las películas de guerra o de luchadores, son siempre muy atractivas para ver en el cine, son personajes que más allá de hablar de un tipo que es un luchador, a través del boxeo es muy seductor.

Debiste mimetizarte estéticamente pero también como púgil. ¿Cómo fueron ambas situaciones?

Mucho trabajo, mucho entrenamiento, por suerte todos nos abrimos y creímos oportuno crear las condiciones para eso durante mucho tiempo y así se dio, todo fue entre tres y cinco meses de laburo intenso, muy bien ayudados por Diego “La Joya Chávez” y Muñoz que nos dieron toda su generosidad, todos los días.

¿Eras de ir a ver una pelea de box si alguien te invitaba a verla?

No, nunca había ido a ver una pelea de box en la vida, en este caso fue interesante. Así empecé a meterme de a poco en todo este asunto.

¿Cómo tomaste las positivas críticas de la prensa y el público a tu trabajo en “Al final del túnel”?

Bueno, se está estrenando en España la película, acá funcionó y está funcionando, siento que fue un buen trabajo, esperemos que pase algo similar allá, lo mismo con “Sangre..” porque son dos trabajos muy extremos y muy  interesantes. Ahí tuve una entrega física muy fuerte, componiendo a alguien que no tiene ninguna movilidad en las piernas y debe usar todo el tiempo su silla de ruedas para trasladarse. Son las dos películas de mayor contacto físico que llevé a cabo, además las hice seguidas.

¿Cómo es este momento de tu carrera profesional?

Es un momento hermoso, que te agarra ya con la adultez, haciendo cosas muy diversas, cosas que siguen significando un riesgo, una búsqueda, un aprendizaje, con toda la posibilidad de tener más experiencia que antes, que la que tenía hace 20 o 30 años, al empezar esta profesión. Es un momento de más seguridad, mucho mejor parado en relación a lo que querés hacer, sobre todo de qué manera querés hacerlo.

Lo último que hiciste para la TV Premium fue una miniserie filmada en Uruguay.

Sí, fue “El hipnotizador”, una mini-serie de la cual ahora vamos a hacer su segunda temporada. Para decirlo en pocas palabras, es la historia de un “hipnotizador-hipnotizado” y la historia está seteada en los años 30´ o 40´, un período entre guerras mundiales, hay un trabajo de tono artístico y estético que es impresionante, es la vida de un hipnotizador que llega a un pueblo y empieza a ver como a ayudar a la gente de ese lugar. A través de la ayuda que él brinda al pueblo, él se ayuda a sí mismo. Es una suerte de detective, pero al mismo tiempo un detective de su propia vida, de su propio pasado que no recuerda. Ahora en la segunda temporada la cosa va a venir mucho más recargada, va a tener más acción, vamos a ver en qué termina…

Venís coqueteando con la música a nivel teatral últimamente.

Venimos de gira hace muchos años con “El territorio del poder” con Fernando Tarrés, es una experiencia hermosa, porque para mí eso me abre un nuevo camino. Es una nueva experiencia de aprendizaje, de contacto con nuevos compañeros que son músicos, no son actores, entonces ellos saben y conocen de otras cosas y me informan. Ellos pueden relacionarse conmigo desde otro lugar, desde lo rítmico, lo musical. El hecho de estar solo en escena desde la actuación también me da la posibilidad de crecer, es sumar horas de vuelo en este contexto, algo que realmente necesitaba. Es algo que me da muchísimo placer.

En “Aire Libre” cantaste una canción mientras subían los títulos. ¿Has tenido la tentación de realizar un espectáculo mucho más cercano a lo puramente musical?

Sí, creo que va yendo para ese lado, es un camino que voy a seguir explorando, sigo estudiando, canto hace seis años y tengo ganas de ampliar esa situación, que todo eso en el futuro pueda convivir con la tarea de actuar, me encantaría.

¿Le vas a pedir tips a Mike Amigorena para que te de una mano, ahora que él publicó su nuevo trabajo musical?

Nunca lo he visto cantar a Mike, pero me han dicho que canta muy bien, tengo a mi hermano, a los músicos que me acompañan, que son intérpretes sencillamente extraordinarios, afectivamente me ayudan mucho. Tengo la suerte que ellos me dan con un caño y me bajan a tierra, me explican lo que son las leyes de la música y del canto, que son muy diferentes a las de la actuación.

De no haberte dedicado a la actuación, ¿te hubieses metido en el mundo de la música?

No lo sé, me gustan muchas cosas y me gusta mucho lo que hago, el camino que elegí me gusta. Pero uno va creciendo y te dan más ganas de realizar lo que en su momento habías dejado de lado, también, porque el sentido más importante pasó por la actuación, pero había otras cosas que me gustaban y estaban ahí presentes.

¿Cómo sigue tu tarea en el mundo cinematográfico?

No sé cuál se va estrenar primero, si “El otro hermano” de Adrián Caetano o “Nieve negra” de Martín Hodara con Ricardo Darín, la primera es un largometraje en la que participa Daniel Hendler, está basada en la novela “Bajo este sol tremendo”, es una película durísima, terrible, me toca encarnar a un gran villano, un tipo muy siniestro en el total sentido de la palabra, la segunda es un guión original de Martín Hodara, en esa historia con Ricardo Darín somos dos hermanos que no se ven hace veintipico de años, y frente a la muerte del padre se encuentran, allí se ponen al desnudo una cantidad de disyuntivas, cantidad de secretos y cosas que habían quedado de una gran sordidez en el pasado. Fue muy lindo volver a trabajar con Ricardo, la primera vez que trabajamos con Martín, lo hicimos de una manera maravillosa, lo mismo que con Adrián Caetano y Hendler, fue muy dura pero también tremenda, estoy muy agradecido con lo que me viene sucediendo.

Después de tantas temporadas de vida, ¿sentís complicado alcanzar el status de la felicidad como elixir de una existencia de entrega personal y espiritual?

La felicidad es algo donde por supuesto uno tiene que tratar de crear las condiciones para que ocurra y tenerla, depende mucho de eso, de la generosidad y el amor, para mí la felicidad no la construye uno solo, se construye con otros, por suerte no aparecen personajes que atenten contra ella, para nada. Desgraciadamente muchas veces el mundo en que vivimos lo lleva a uno hacia una cosa más egocéntrica, fundamentalmente el sistema en el que vivimos apunta al individualismo, no así, al trabajo colectivo ni a la solidaridad, ni a la búsqueda de utopías, yo creo que cuando se empieza a creer en la felicidad justamente uno no la puede desear solamente para uno, sino para la gente que lo rodea y también para todos, en ese sentido la felicidad tiene que ser justa.

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