A momentos de lo que fuera su primer show en Buenos Aires, en el marco de su sideshow del Lollapalooza en Niceto, Dave Bayley y Ed Irwin-Singer, integrantes de Glass Animals, recibieron a fdh en el venue para hablar acerca de How to Be a Human Being, su último disco.

Por Guido Scollo

¡Mirá, tenemos quesos!”, dice el bajista Edmund Irwin-Singer en un tono apagado pero sorprendido, mientras que Dave Bayley, líder de Glass Animals, arremete rápidamente contra la bandeja. El backstage de Niceto está desértico, más allá de algunos mozos que continúan organizando el catering de la banda. De fondo, una mesa con algunas piñas, materializadas gracias a la canción “Pork Soda”, de How to Be a Human Being (2016), su último disco, esperan a ser subidas al escenario que alojará el primer show de los ingleses en Argentina, un día antes de su presentación en el Lollapalooza 2017. Gracias a la extensa cantidad de personajes que contiene, el álbum que finalmente los trajo al país después de haber realizado shows en distintas partes de Europa, Australia y Estados Unidos, suena más oscuro que su antecesor, Zaba (2014). “Estábamos tocando mucho más en vivo y cuando eso pasa empezás a apreciar cierta energía y diferentes cosas acerca de la música”, comenta Irwin mientras busca complicidad con Bayley: “Cambiamos mucho y nos volvimos más realistas”, agrega el lánguido frontman.

Arriba del escenario, más que cantar, Bayley actúa. Los personajes del disco parecen poseer al joven de Oxford en cada canción, haciéndolo mutar constantemente. “En las giras, cada uno de ellos me acompaña con su espíritu”, aclara. Debajo del escenario, la timidez escondida detrás de sus escuetas palabras resumen la bipolaridad de su personalidad. “El animal interior de Dave aparece en el escenario, y es mejor no pensar en cómo balancea ambas personalidades”, explica entre risas Irwin, haciendo las veces de interlocutor. “Cuando salgo al escenario, imagino que estoy solo en mi cuarto bailando algunas canciones”, resume en pocas palabras el cantante.

How to Be a Human Being provino de la pasión de Bayley por el estudio de las personas: grabar conversaciones con extraños -taxistas, fans, mozos, quién sea- y convertir sus historias en canciones. “Tengo una muy mala memoria y de esta forma puedo acordarme todo lo que me dicen”, balbucea Bayley escondido detrás de una sonrisa incómoda, mientras agrega que “graba a la gente hace siglos”. “Entre tantas historias increíbles que escuchamos, en un momento se volvió un gag el mostrarnos audios de otros”, agrega Irwin. Y aunque la pasión por analizar a terceros se manifieste constantemente, Bayley elige no pensar tanto en sí mismo: “Nunca tuve la idea de hacerlo, por dios. No soy tan interesante como para que valga la pena intentarlo, ¿vos que pensás?”, evade en seguida con una repregunta dirigida al aire. Por su parte, el bajista intenta develar un secreto, aunque las carcajadas de Bayley lo censuran: “Dave esconde partes de él en los distintos personajes de las canciones. En una se transforma en una mujer gorda, porque es lo que él quisiera ser”. Tras volver a tomar una bocanada de aire luego del chiste, Bayley da por concluido el debate: “No tenemos permitido hablar acerca de cuáles son los personajes que se parecen a mí, es un secreto”.

“Tengo una muy mala memoria y de esta forma puedo acordarme todo lo que me dicen”, balbucea Bayley escondido detrás de una sonrisa incómoda, mientras agrega que “graba a la gente hace siglos”.

Cuando la banda grabó Zaba, su primer disco, sus vidas eran bastante diferentes. Bayley estudiaba medicina, algo que lo ayudaría luego en su faceta artística/creepy. A la hora de componer el álbum, los cuatro se recluyeron en una cabaña que la familia del cantante poseía en un bosque en las afueras de Oxford, de donde proviene gran parte del sonido del mismo. El ambiente selvático que brinda la percusión, mezclada con pequeñas links a las atmósferas sintéticas de Brian Eno les valieron un debut auspicioso. “Cuando grabamos Zaba no teníamos idea de lo que estábamos haciendo”, recuerda Irwin. Además, explica que “cada detalle era una agonía extra”.

Bajo la producción ejecutiva de Paul Epworth, famoso por hacer ese trabajo con Adele, Rihanna, U2 y Paul McCartney, entre otros, tracks como “Flip”, “Pools” y “Gooey” los catapultaron a la fama. Y lo que comenzó como un hobby de cuatro amigos -el guitarrista Drew MacFarlane y el baterista Joe Seaward completan la banda-, pronto se convirtió en otra cosa. “Creo que todavía es un hobby, ¿no?”, le pregunta Bayley a Irwin. “Me parece que a esta altura ya se convirtió en un trabajo, aunque sigo pellizcándome porque no parece ser así. Bueno, tal vez cuando estamos viajando en aviones de acá para allá puede sentirse un trabajo…”, le responde el bajista. El humor de los chicos de Oxford incrementa minuto a minuto: “Vos no te das una idea del jet lag que tengo todo el tiempo”, explica Bayley entre risas, y agrega que “hay que abrazar cada una de las cosas que van a pasando, incluso el volar”. “Con el tiempo fui dándome cuenta que los aeropuertos son un lugar increíble para observar el comportamiento de las personas, por eso ahora disfruto de estar ahí”, agrega.

Y como pasa seguido en la industria musical, estos cambios pueden traer distintas dificultades para una banda, como el aislamiento de sus miembros del día a día mundano. “No puedo imaginarme lo que será vivir todo esto siendo solista, seguro perdés todo tipo de esperanza”, bromea Irwin. “Para nosotros es más sencillo porque somos cuatro y tratamos de mantener una atmósfera similar a la que existía cuando éramos un grupo de adolescentes, viviendo de manera normal”, añade.

En How to Be a Human Being, Glass Animals explora distintos aspectos sociales, una manera sociologica de armar un mapa de la vida de las personas. “No puedo conseguir un trabajo, por eso vivo con mi mamá”, de “Life Itself”, o “en el verano tomé mi arma y lo mandé a Neverland”, de “Mama’s Gun”, son claras pruebas de eso. “Escribir acerca de distintas personas en sus ambientes y situaciones cotidianas es una buena forma de mostrar lo que está pasando en el mundo”, reflexiona Bayley, explicando que es una manera diferente de decir “fuck Trump”. “Hay muchos artistas que ponen la parte política en la superficie, pero creo que de esta manera podés decir algo diez veces más potente, aunque tengas que esforzarte para encontrar el mensaje”. Por su parte, Irwin es un poco menos optimista: “Nos vamos a mudar a la Luna y desde ahí escribir acerca de la Tierra”.

“Escribir acerca de distintas personas en sus ambientes y situaciones cotidianas en una buena forma de mostrar lo que está pasando en el mundo”, reflexiona Bayley, explicando que es una manera diferente de decir “fuck Trump”.

Bruce Springsteen, Lady Gaga, Katy Perry y Rihanna son solo algunos ejemplos de artistas que cada día se suman a protestas contra Trump, algo a lo que Glass Animal no es ajeno. “En el último disco hay muchas cosas políticas, y Trump sería un gran personaje, ¿no?”, comenta Bayley. “La buena música siempre hace pensar a la gente, por eso puede lograr que las cosas cambien”, añade Irwin. La responsabilidad de ser una de las tantas voces que pueda ser tomada y seguida por una generación también influye: “Hay que saber manejar lo que uno dice, pero este es el momento de apoyar las causas que cada uno cree importantes”, sostiene Bayley, y agrega que “entre tantas canciones vacías, cualquiera que tenga un significado sirve”.

En sus siete años de carrera, la banda pasó de tocar en pequeños pubs de Oxford a encontrarse con multitudes como las del Lollapalooza. “Si mirás la cantidad de seguidores que tenemos en Twitter, vas a ver que no son muchos. Pero esto se trata de la música, la banda y la cantidad de show que tenemos”, resume Bayley, considerando que se mantienen bastante ocupados. Irwin, por su parte, se mete con el mundo de los amigos del campeón: “Por suerte, por ahora nuestros fans son muy copados y solo les interesa nuestra música”. “Si algún día alguien se me acerca porque me considera famoso, lo grabo…”, tira Bayley, retomando el epicentro de la charla.

A pesar de las investigaciones con fines musicales, las conclusiones del experimento sociológico de su último álbum fueron inconclusas: “Claramente no somos expertos en cómo ser un Ser humano, aunque el disco fue concebido en un tono humorístico, un tanto pícaro”, comenta Irwin. “No hay una manera correcta de cómo serlo, podés ser la persona que quieras”, asiente Bayley, mientras mira de reojo al grabador sobre la mesa. “¿En serio no vas a hacer una canción con esta grabación?”, pregunta el cantante con cierta decepción, resumiendo a la perfección el voyeurismo artístico que los Glass Animals crean en su pequeño e íntimo mundo.

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