El rapero de Compton se mueve por fuera de lo conocido, inventando las rutas sonoras del mañana, tan llenas de ironías como de pancartas políticas. 

Por Guido Scollo

Kendrick Lamar hay uno, pero en él se encarnan muchos. Mientras David Bowie grababa Blackstar, su último disco, él y Tony Visconti, su histórico productor, se la pasaban escuchando To Pimp a Butterfly (2015), el tercer álbum del rapero de Compton, California. “Lamar rompe todas las reglas preestablecidas y logró pegar un disco número uno en los charts gracias TPaB”, explicó Visconti en marzo, a un poco más de un año de la muerte del Duque Blanco. Kendrick como visionario.

Ese mismo disco fue un antes y un después en su carrera, además de abrir una nueva época para el hip hop. Con mixturas sonoras que transportaron al género en terrenos jazzeros, como la hipnótica “For Free?” o la onírica “For Sale?”, TPaB también fue vocero de una generación de afroamericanos amparados bajo la presidencia de Barack Obama. Basta con escuchar las primeras palabras “Wesley’s Theory”, tema que abre el disco, para entender el contexto: “Todo negro es una estrella”, explica el sampleo del jamaiquino Boris Gardiner. Y si se toma en cuenta también la portada del disco, donde un grupo de negros en cuero se alzan victoriosos en el jardín de la Casa Blanca, el mensaje completa el círculo. Kendrick como símbolo político de una generación.

El disco fue elegido como el mejor del 2015 por prestigiosas publicaciones como Rolling Stone y Pitchfork y, aunque en la edición de ese año de los Grammy, perdió -injustamente- en la categoría de mejor álbum ante 1989, de Taylor Swift, Lamar se alzó con cinco premios, siendo el más nominado de la noche. Kendrick como el premiado.

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Este año las cosas cambiaron, aunque para Lamar este nuevo contexto siga siendo tan prolífico desde lo creativo como los anteriores. Obama ya no ocupa el sillón del despacho oval, y en su lugar está Donald Trump, junto a todo el racismo que eso implica. Es justamente un presidente que no podría tolerar a un “grupo de negros” sacándose fotos en la Casa Blanca. Es por esto que DAMN., el último trabajo de Lamar, publicado en abril de este año, se hace eco de todos estos cambios, siendo un éxito tanto en ventas como en críticas. Con tan solo una semana en la calle, el álbum vendió más de 600 mil copias, batiendo records sin titubear. Kendrick como el número uno.

Perdimos a Barack y prometimos no dudar de nuevo de él / pasame el gin, lo mezclo con la sangre americana”, canta el rapero con desgano en “XXX”, el tema más politizado del disco, en colaboración con U2. Segundos antes de esa frase, otra sostiene una pancarta difícil de mantener durante estos tiempos: “Está bien, chicos, vamos a hablar sobre el control de armas”. Mientras tanto, la Asociación Nacional de Rifles de ese país aplaude a Trump por revocar la ley de Obama que instaba a un chequeo psicológico previo a la compra de un arma. Kendrick como el pesimista/realista.

Incluso el arte de tapa de DAMN. fue deliberadamente controversial -al punto que un estudiante de diseño de la FADU podría haber sido bochado por algo así-. Con una predominante tipografía roja que juega entre el minimalismo y el mal gusto, Lamar se muestra cansado, de hombros caídos y párpados semi cerrados, casi como si no quisiera estar allí. “Es interesante como la gente está hablando de una “mala” portada. Quise hacer algo fuerte y abrasivo”, explicó en una serie de tweets Vlad Sepetov, diseñador a cargo de ella. Poco tiempo después de su publicación, los memes derivados de la portada no tardaron en llegar. Kendrick como el influencer.

Y si la desazón política no es suficiente, el último trabajo de Lamar también muestra su decepción racial por los suyos. “En mi último LP traté de elevar a los artistas negros / pero hay una diferencia entre artistas negros y artistas pésimos”, resalta en “ELEMENT”. Luego, en “HUMBLE”, completa la idea: “Si mato a un negro no va a ser por el alcohol / soy el negro más real después de todo”. “Bitch, sé humilde”, remata. Kendrick como el único negro. Kendrick como todo.

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