Entrevistas
RADIOHEAD (por lucas)
 
Radiohead
Confesiones a 7 colores: una historia de amor que comenzó con Pablo Honey, continúa con In Rainbows y seguramente, nunca terminará

Naranja

La cocina de este texto es la cocina de un departamento en una ciudad del sur. Hace calor, no hay cielo gris ni árboles pelados en cuyas ramas la nieve se aloja como una bestia mansa. En la vereda unos pibes toman cerveza y escuchan cumbia que sale de un aparato de música a volumen alto y saturado. Una de las personas que están en el espacio mínimo de esa cocina, sueña con irse a un país del norte, a vivir en temperaturas más frías, a escribir poemas en una ventana que dé a una calle desierta con hojas amarillas en un atardecer naranja, que rueden apenas llevadas por la brisa, como cuando un hombre lleva a una mujer en un tango. Se imagina volando por sobre las montañas de un país lejano, en donde hay nieve, cabañas cómodas, autos con ruedas cubiertas por cadenas de nieve, pulóveres suntuosos, gorras de lana coloridas. Bufandas, oh sí, bufandas. Musicaliza este sueño Radiohead.

Celeste

En un Renault 12 celeste con pasacasettes, oí a Radiohead por primera vez. Alguien había puesto el original Pablo Honey y todos locos todos raros fogoneábamos alrededor del auto a orillas de una montaña. De los achicharrados parlantes salía un jugo melodioso. Al instante reconocí la voz de un ángel llorón transportada en una canción simple y bella (el sueño de todos: hacer canciones así) con temática dulce y de generación X. En Thinking About You ya se adivinaba una impronta Yorke, una marca que es la que después sedujo a miles de oyentes. Un medio camino entre lo edulcorado y lo profundo, entre lo cursi y lo sublime. Y además: ¿no es maravilloso el paso de un re mayor a un mi menor en una criolla, con esa rítmica tan Oasis, tan de que "con esta canción mato"? Y un verso que traducido queda más o menos así: Soy quien te compró cigarrillos y le mintió a la empresa para venir a verte, cariño. El extraño punto de equilibrio entre lo ruidoso y lo melódico, el punk y las canciones de telenovela. Lo pop y lo lírico. ¿De quién es ese tema? Pregunté. De Radiohead, me respondieron.

Verde

Los días de Creep fueron muchos. Tantos como hojas que caen de un árbol en otoño, cuando el verde clamor del verano parte. Pero mis días de Street Spirit fueron más. LA -así, con mayúsculas- canción iniciática para todo buen aprendiz de guitarra. Los que en vez de deprimirse con la música de Robert Smith, ya se estaban deprimiendo con sólo verlo a Robert, encontraron en Thom Yorke a un nuevo paladín del bajón filosófico. Un poeta tuerto de voz híper baládica que con su medio ojo azul miraba como nadie el submundo de las emociones. Secundado por cuatro chicos que lo entendían, y punto. Y entre ellos, uno que tocaba muy bien varios instrumentos (Johnny Greenwood), y punto. Pero por aquellos días también pasaba algo muy extraño con la banda, y era que le gustaba a amantes del jazz y a súper rockeros por igual. Quizá por ser una formación que sabe de equilibrio, que sabe equilibrar las dosis. Sabe como quedarse a mitad de camino para que te den ganas de más. Sabe cómo llegarte por cualquier lado, como un buen psicópata. Esos pibes estuvieron escuchando cosas raras. Esa fue su droga. En una entrevista leí que Yorke moría por Carly Simon. Y en otra leí que Colin, el bajista, amaba la música de Otis Redding. Eran mis días de desequilibrio cuando escuché un rock que parecía compuesto y tocado por Nirvana, pero con la voz melodiosa de un duende gruñón. ¿Qué es eso? Pregunté. Es Just de Radiohead.

Violeta

¿Se acuerdan del clip con el chico de la gorrita de lana violeta que cuando se baña se lava los ojos con champú? ¿Se acuerdan de que la cerveza Quilmes de un litro costaba un peso? En esa época escribí un cuento. El protagonista se llamaba Vinis. Vinis había viajado a la gran ciudad a comprarse unas cuerdas para bajo que en ningún otro lugar del mundo se conseguían. Estando en una gran avenida miraba una vidriera con televisores sintonizados en MTV. Simultáneamente, en tres televisores apareció un video clip hecho con caricaturas. Un personaje de gorrita violeta y su amigo negro recorrían las calles de una gran ciudad, entraban a un bar, hacían que un político se auto-mutilara, viajaban en helicóptero con un ángel hasta el octavo círculo del alma. Vinis entró al local porque estaba intrigado. Llegó en la parte en que gorrita violeta y ángel juegan ping-pong. Entonces quedó imantado por la voz del espíritu Yorke cantando que la lluvia cae/ que la lluvia cae/ desde muy alto. Si hablamos en metáfora genética, esa música sonaba a la cruza perfecta entre Pink Floyd y Beatles, pero con un toque ¿a qué? (un amigo músico opinó un tiempo después que el ingrediente que faltaba de mencionar era: Strauss, Ravel). En el margen inferior izquierdo de la pantalla donde se emitía el video Vinis pudo leer: Paranoid Android, Radiohead.

Azul

Con los oídos emulsionados por el éxito de Ok computer, fuimos con unos amigos al cine club porque pasaban la película Meeting people is easy, filmada durante la gira mundial de la banda. Pegamos la mejor y entramos. Morimos. También murió una etapa de la banda cuando nació el Chico A. El chico triste, oscuro, explorador. Ellos giraron en la dirección correcta, que a todos les parecía la equívoca. Sorprendieron y ganaron. Todos habíamos crecido un poco, nos habíamos puesto menos sentimentales y más indagadores. A fines de los 90 no pasaba mucho. Cobain se ametralló, y los otros estaban algo confundidos. Ya no amábamos tanto el romanticismo nihilista del grunge y la música electrónica estaba definitivamente instalada como un instrumento más en cada cd que salía al mercado. Los dos discos quebradores Kid A y Amnesiac, llegaron en un momento en que el mundo necesitaba introspección y vuelo en un espacio azul. El respeto por el arte no es una idiotez. Entregarse definitivamente al fanatismo de una banda por dos discos espectaculares, tampoco. Ah, me faltó escribir Radiohead.

Amarillo

Cansado de escuchar y de intentar tocar Paranoid Android, le perdí un poco el rastro a mi amada. Los críticos respetaban, los snobs la idolatraban, los jóvenes la seguían. Mi mente y mis oídos se alejaron de una relación casi simbiótica, marcada en mis dedos que automáticamente repetían partes de la bella musa en cualquier piano, en cualquier guitarra acústica, en medio de la obsesión personal por descubrir su secreto, como un niño que tiene entre sus manos un juguete irrompible (me pasó eso de niño, con un autito amarillo lego) y que busca en su desarme la perla de la vida sin saberlo. Lo irrompible es lo que no cansa, no solamente lo que perdura, pensaba. De tanto en tanto, escuchaba covers, altísimas versiones del pianista Brad Meldhau, o de otros. Pero para mí todo había terminado. Era libre, podía hablar de otras bandas. Hasta que un día llegó a mis manos un disco con un mapa colorido trazado por inscripciones. El mapa de una nueva realidad, un mapa de colores opacos, se me ocurrió. El título era una arenga: Cárcel al ladrón. Volvimos a amarnos exactamente en el track doce, Myxomatosis.

Rojo

Un 24 de marzo de 2009 Radiohead en Argentina. Una fecha muy particular. Presentando In rainbows, un cd hermoso. Todos estamos más grandes. Algunos ya no escuchan música, otros no vienen al concierto porque se quedan con sus hijos. Otros cuentan la vida desde lugares que hace unos años eran impensados para ellos. Nunca imaginé que pudiera ver la banda en vivo. No sé que haré cuando estén esos cinco muchachos ahí arriba, tocando las canciones que me sé de memoria. Presumo que sentiré algo de pudor. Hay cierta intimidad. En mi caso, son responsables de gran parte de lo que he escrito, de la música que he aprendido, de las cosas que he imaginado, o soñado. Fueron una especie de tutores creativos, junto a otros. Y llegan a mi país el mismo día en que aquí se recuerda que hace 33 años un gobierno militar intentó hacer una supresión total del arte y la imaginación, de la fuerza creativa y la energía del cambio. Por eso, para mí ese día va a ser un día rojo. Rojo por lo mucho que ese color simboliza. Amor, pasión, excitación, energía, sangre. Rojo por donde se lo mire.

Nota: Lucas Amuchástegui

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