¿Qué aspecto de la novela fue el que más te interesó transmitir cuando la escribiste?
Me interesó sobre todo explorar al personaje, a ese testigo privilegiado que se involucra en la historia. Un simple empleado judicial, que en el pasado tenía ganas de que las cosas se resuelvan, y en el presente tiene el deseo de por lo menos atenderlas y ocuparse. Me parece que si yo me quedo con una mirada, es la de que el pasado nos ha sucedido, pero hasta que no lo pensamos y lo ponemos en palabras, no forma verdaderamente parte de nuestra memoria. Me parece que la memoria es aquello que hacemos nosotros con el pasado.
La historia trasunta por varios límites de la justicia, y finalmente nos deja satisfechos, pero con un concepto de justicia por mano propia...
Mirá, en la historia hay varios personajes interesados en la cuestión de la justicia y desilusionados por un funcionamiento irregular del sistema que los deja sin respuestas. Después, la trama va tomando sus giros, pero en este caso, las resoluciones que toman esos personajes no tendrían por qué ser las mías, incluso de ninguna manera lo serían.
Y de fondo, siempre latente, la valoración e idealización del amor trunco, no concretado.
A lo mejor, el desafío lo tuvimos con esa historia de amor. En la novela el protagonista estaba enamorado de una mujer lejana. En la película trajimos esa historia mucho más a primer plano y entonces tuvimos que dosificar mucho las indecisiones, las distancias, los temores de los dos personajes. Para que, como a veces sucede en la vida, esas indecisiones, esas dudas, hicieran fracasar esa historia de amor en el pasado, que por las cobardías de uno de los dos, ese amor quedara trunco, quedara apenas insinuado, quedara tronchado en medio de la tragedia misma que desencadena la investigación. Y que finalmente, mucho tiempo después y como parte de esta misma mimificación de ese pasado, la historia volviera.
¿Cómo fue ver las reacciones de los espectadores?
Es algo que un escritor no puede verificar jamás. No podés ver la reacción de un lector cuando lee tu libro, en cambio en una película podés ser un testigo de lo que le sucede al espectador mientras mira. Aprovecho a hacer eso, a ver como impacta la historia en otras personas. Incluso con lo tremendo e inevitable que es el juicio de los demás.
Sos historiador, pero la mayoría de tus relatos hablan de fútbol ¿Cómo llegás a ese lugar?
Cuando empecé a escribir, el tipo de personaje que me interesó siempre fue parecido al tipo de personajes del universo en el que yo me muevo. El horizonte de mis personajes, es mi propio horizonte, es este tiempo, es esta geografía, es esta sociedad, es esta Argentina de la que yo formo parte. Y en ese contexto aparecen personas y personajes sencillos cotidianos y al alcance de mi mano. Y Bueno, el fútbol es una vivencia muy fuerte para muchos de nosotros, es una huella de identidad bastante marcada.
Una vez señalaste que el fútbol es una metáfora de la vida, yo siempre sostengo que uno juega al fútbol como vive
Yo no me atrevo a ser tan taxativo sólo porque sino perdería un par de amigos. Pero sí, creo que existe una profunda relación.
Además un espacio donde los pobres pueden ganar.
Absolutamente. Además es un lugar donde uno pone valores, metas y sueños. Está en juego valores como la solidaridad, el compartir, el esfuerzo. Un espacio donde no podés ni salvarte ni hundirte solo.
¿Qué otra novela o cuento tuyo te gustaría llevar al cine?
Puede ser una novela que se llama "Araoz y la verdad". Es una novela ligeramente futbolera, pero que cuenta otra historia como fondo. Araoz es un cuarentón con una vida más que difícil, emprende un viaje bastante alocado y bastante carente de sentido visto desde afuera, en la búsqueda de un jugador ya retirado que fue ídolo en su infancia. Necesita hacerle una pregunta y conocer una verdad por detrás de las apariencias. Y en esa sencilla anécdota se cifra la historia de este tipo, es una historia que me gustaría verla en pantalla grande.
Nota: D!
