Uno de los cerebros artísticos del grupo “BajoFondo” publicó su segundo álbum, una interesante producción llamada “Rëverie” con el respaldo de Gustavo Santaolalla. Un disco que lo muestra en una atractiva maduración musical. Fanático incurable del ex futbolista francés Zidane y su colega Enzo Francescoli, mientras termina la producción de arreglos del nuevo trabajo de “La Vela Puerca” habló con “fdh” de sus raíces franco-uruguayas en el distintivo ADN musical que exhibe glorioso en cada una de sus maniobras sonoras.
Tu derrotero generacional mere¬ce ser destacado, pues pasaste del rock continental a las nuevas ca¬madas contemporáneas de la elec¬trónica rioplatense.
Es un enorme collage emocional, nací en Francia, pero a los 4 años fuimos a México. Mi viejo es uruguayo, mi ma¬dre francesa y eso fue hasta el 85. Cuando terminó la dictadura mi padre pudo volver al Uruguay, era exiliado político. Tras cumplir los veinte estuve unos meses más en Montevideo (Uru¬guay)y me volví a Francia. En esa épo¬ca escuchaba cosas más de raíz, pero no lo puedo tapar: tuve una época de levante femenino con el rock, los tiem¬pos cuando firmamos con Polygram con el grupo “Plátano Macho”, ahí hice giras, fue un proyecto trunco, cometi¬mos muchos errores de banda con exi¬gencias por entonces muy ridículas, las padecí muy joven, aprendí a la fuerza
Son bloopers que nunca más cometí.
¿Tu nexo con la música cómo se orientó en esos cambios?
Me metí en la música muy joven, fue una vocación muy tempranera, casi pre-adolescente, dije “me voy a dedi¬car a la música de una u otra manera”, cuando tenía 14 años ya estaba estu¬diando música de manera relativamen¬te seria: guitarra, piano, solfeo, en ese momento pensé que era Mozart, pero al estudiar más seriamente me di cuen¬ta que no (risas). En el caso que te de¬diques a eso tenés que laburar muchí¬simo, pero no viví presión familiar por las carreras clásicas. Papá es sociólogo, tiene vocación académica muy fuerte, siempre me marcó eso, me apoyó sin olvidar lo otro como opción, estoy agra¬decido con mis padres, vieron mi serie¬dad en la vocación, a los 20 me fui a vivir a Francia y ahí laburé en varios discos de Jorge Drexler, tocando mucho.
Hay un cruce de formatos entre tu inicio solista y este nuevo CD.
Mi ópera-prima fue compuesta en un período de tiempo más grande que este CD, porque al ser mi primer disco, como siempre pasa en los álbumes de¬buts, en ellos uno pone todo lo que vie¬ne arrastrando luego de mucho tiem¬po, es una diferencia muy grande, este disco “Rëverie” rescata un momento bien específico y una actividad pun-tual al grabarlo, fue un show acústico armado en la Sala Nuñez muy específi¬camente, o sea, refleja un instante de mi vida. Es una polaroid acústica, un re¬flejo orgánico, no es una devolución te¬mática y estilística de mi música, solo un reflejo.
Tus raíces europeas están bien per¬ceptibles en cada concepto o compo¬sición.
Mi música tiene mucho de Francia, mu¬cha mú, hip hop hasta otras cosas que ingresaron en la inspiración, en mi in¬fancia crecí oyendo música francesa, Serguei Gainsbourg pero conviviendo con otras cosas como Eduardo Mateo, Astor Piazzolla o el rock argento-uru¬guayo. Lo francés de este disco vie¬ne de distintas maneras, por un lado lo sutil y otros enfoques más eviden¬tes, como hacer una versión de “No soy un extraño” en francés, que me parece igual a generar un link en con¬texto musical de esa época de Charly García, es bastante natural el trasla¬do que hace. Personalmente me sue¬na que podía ser un tema hecho en francés por él, ahí aparece inobjetable el carácter universal de las canciones de Charly, alguien muy conectado con su época, pero al mismo tiempo esas cosas están linkeadas hoy con soni¬dos cosas como AIR, Charly fue un tipo muy moderno en esa época, los adre¬nalínicos‘80.
Tu obra ya tiene clásicos instalados en los medios de manera poco habitual.
En vivo hoy seguimos tocando “Fan¬dango” de mi primer disco, está bue¬nísimo, el tema re-funciona en vivo, una canción que no quería poner en mi álbum porque no me terminaba de cerrar, con el tiempo es un tema que se usó muchísimo en programas de tv, son cosas que uno no controla. No me imaginaba que se volvería la corti¬na de un conocido noticiero de cable (C5N), es impresionante, nos impulsó muchísimo, la primera vez que escu¬ché un tema mío en la tv fue en Bue¬nos Aires, era la canción “Forma” que había sido compuesta en un ámbito muy íntimo con auriculares.
En este “Rëverie” asoma la produc¬ción de Santaolalla, Campodónico y Kerpel.
Sí, es algo fundamental, este disco ja¬más hubiera sido así en una autopro¬ducción, eso está muy claro, pasamos por distintas etapas, primero la com¬posición en la cual la presencia de San¬taolalla y Campodónico fue por el lado de intercambiar ideas, mostrar lo nue¬vo, desde ese momento hay una inter¬vención.
¿Qué injerencia alcanza la tarea de Santaolalla con todos sus kilates musicales?
Gustavo desde que tuvo 20 años y tam¬bién antes, mostró una búsqueda de hallar en sus influencias lo relaciona¬do a las raíces y el lugar de origen, ha sido una constante en su vida musical. Recuerdo que cuando me llamaron para participar en “BajoFondo” vivía en Francia, hacía un beat instrumen¬tal muy abstracto, curiosamente a raíz de esa convocatoria empecé a hacer cosas que tuvieron más identidad rio¬platense, fue una especial manera de encontrarme a mí mismo, logré definir un estilo de sonido propio, con Bajo¬Fondo todo el tiempo tratamos de re¬novarnos y buscar nuevas maneras de hacer música, intentamos ser creati¬vos no solo en las composiciones sino en los planteos de trabajo, por eso este disco refleja mucho de eso.
Resulta curioso que tu música vive vinculada con la estética de las dis¬cotecas.
Cierto, pero pasan los años, ahora sal¬go menos que antes, lo hago cada dos por tres, me gusta la música electró¬nica, siempre es una gran fuente de ideas enorme, un lenguaje que tiene sus códigos, puede ser bueno o malo, depende como lo leas, es música en función de algo, para mí es importan¬te. Vengo del hiphop también, gran parte de mi música tiene una esen¬cia de música bailable, Piazzolla hace obra que no es para bailar pero viene de ahí, tiene un groove o ritmo hipnó¬tico, lo mismo pasa con los valses de Chopin, posta (risas).
Por: J. Gabriel Mc Clane
